Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero durante la noche arreció el viento de una manera furiosa. El mar se encrespó debajo de su costra de hielo, como sacudido por una conmoción submarina, y la voz aterradora del piloto dejó escapar estas palabras:
—¡Alerta hacia popa! ¡Alerta hacia popa!
Hatteras dirigió sus miradas a la dirección indicada, y lo que vio a la luz del crepúsculo era verdaderamente espantoso.
Un banco gigantesco, repelido hacia el Norte, corrÃa hacia el buque con la rapidez de un alud.
—¡Todo el mundo a cubierta! —gritó el capitán.
Aquella montaña invasora se hallaba apenas a media milla de distancia, los témpanos se levantaban, pasaban los unos por encima de los otros, se atropellaban como enormes granos de arena arrastrados por un huracán formidable. Un ruido terrible conmovÃa la atmósfera.
—He aquÃ, señor Clawbonny —dijo Johnson al doctor—, uno de los mayores peligros que hemos corrido hasta ahora.
—Sà —respondió tranquilamente el doctor—, es una cosa bastante seria.
—Un verdadero asalto que tendremos que rechazar —repuso el contramaestre.