Aventuras del capitan Hatteras

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Fue necesario cortar el campo alrededor del buque porque éste sufría con la presión. Los hielos acumulados en sus flancos pesaban con exceso, sin dejarle reposar sobre su línea de flotación habitual. El trabajo fue largo y penoso. Al cabo de algunos días la carena quedó libre, y se examinó aprovechando esta circunstancia. Gracias a la solidez de su construcción, nada había sufrido, si bien su forro de cobre estaba casi enteramente arrancado. El buque, libre ya, subió cerca de nueve pulgadas. Se rebajó el hielo al bisel siguiendo la forma del casco, y de este modo el campo volvía a juntarse debajo de la quilla del bergantín y se oponía él mismo a todo movimiento de presión.

El doctor tomaba parte en los trabajos. Manejaba con destreza la cuchilla, y con su buen humor distraía y alentaba a los marineros. Instruía y se instruía. Aprobó con entusiasmo la disposición que se dio al hielo debajo del buque.

—He aquí una buena precaución —dijo.

—Sin ella, señor Clawbonny, no habría resistencia posible. Ahora podemos sin miedo levantar una muralla de nieve a la altura de la borda, y darle, si queremos, diez pies de grosor, pues materiales no faltan.


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