Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Vamos a vemos en más de un apuro! —habÃa dicho al doctor—. ¡Poco ha favorecido la suerte al capitán! ¡Hacerse prender en el punto más desagradable del Globo! Pero, en fin, veremos la manera de salir del paso.
En cuanto al doctor, en el fondo de su pensamiento, estaba simplemente encantado de la situación. No la hubiera trocado por ninguna otra. ¡Invernar en el polo del frÃo! ¡Qué buena fortuna!
Los trabajos del exterior fueron los primeros que ocuparon a la tripulación. Las velas se dejaron en sus vergas en lugar de guardarlas en la sentina, como hicieron los primeros invernadores. No se hizo más que dejarlas bien dobladas dentro de su funda, y bien pronto el hielo las cubrió con otra aún más impermeable. Ni siquiera se quitaron los masteleros de juanete, y la casa del vigÃa o nido de cornejas se dejó en su sitio. Era un observatorio natural. Se almacenó únicamente una parte de la cabuyerÃa.