Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El tiempo, sin embargo, fue hasta entonces bastante favorable, pudiendo sólo quejarse de él las perdices y las liebres, a quienes no dejaban los cazadores un solo momento de descanso. Se armaron también trampas para zorras, pero éstas son sumamente suspicaces, y burlaban todas las artimañas. Algunas de ellas fueron tan astutas, que escarbaron la nieve debajo de la trampa y se apoderaron del cebo sin correr riesgo alguno. El doctor las daba al diablo, y aún sentía hacer a éste semejantes regalos.
