Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —He aquà precisamente la dificultad —replicó el doctor—; los osos me parecen muy escasos y muy salvajes; no están aún bastante civilizados para ponérsenos a tiro.
—Bell habla de carne de oso —repuso Johnson—, pero en este momento serÃa preferible su grasa a su piel y su carne.
—Tienes razón, Johnson —respondió Bell—. Tú no piensas más que en el combustible.
—¿En qué otra cosa hemos de pensar? No nos queda carbón, por más que se le economice, para tres semanas.
—Sà —repuso el doctor—, y la cosa es muy seria, pues no estamos más que a principios de noviembre, y febrero, en la zona glacial, es el mes más frÃo del año. Con todo, a falta de grasa de oso, podemos contar con la de foca.
—No por mucho tiempo, señor Clawbonny —respondió Johnson—. Las focas no tardarán en abandonamos; sea debido al frÃo o a consecuencia del miedo, pronto dejarán de presentarse en la superficie de los hielos.