Aventuras del capitan Hatteras

Aventuras del capitan Hatteras

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XXVII

LOS GRANDES FRÍOS DE NAVIDAD

HUBO entonces un momento de desesperación. La idea de morir, y de morir de frío, apareció en todo su horror; aquel último pedazo de carbón ardía con un chisporroteo siniestro; el fuego estaba próximo a su fin, y la temperatura de la sala bajaba sensiblemente. Pero Johnson fue a buscar algunos pedazos del nuevo combustible que le habían suministrado los animales marinos, y los introdujo en la estufa, y añadiendo a ellos estopa empapada en aceite helado, obtuvo muy pronto un calor suficiente. El olor de la grasa era insoportable, pero ¿qué remedio había? Era menester acostumbrarse. El mismo Johnson convino en que su expediente dejaba algo que desear y que no lo adoptarían fácilmente las casas de Liverpool medianamente acomodadas.

—Y sin embargo —añadió—, este olor, tan desagradable, puede darnos buenos resultados.

—¿Cuáles? —preguntó el carpintero.

—Atraerá sin duda a los osos, a quienes gustan estas emanaciones.

—Bien —replicó Bell—, ¿pero qué necesidad tenemos de osos?

—Amigo Bell —respondió Johnson—, no podemos ya contar con las focas, que han desaparecido para mucho tiempo, y si no vienen los osos a proveemos de combustible, no sé lo que será de nosotros.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker