Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Con vos —repuso Clawbonny, sin cuidarse de lo que le decÃa su interlocutor— estamos seguros de ir lejos y de no retroceder nunca.
—Pero… —repuso Shandon.
El doctor proseguÃa con su torrente de palabras:
—Porque vos sois hombre probado, comandante, y yo conozco vuestra hoja de servicios. ¡Sois un valiente marino!
—Si quisierais…
—No, yo no quiero que nadie, ni aun vos mismo, ponga en duda vuestra audacia, vuestra habilidad y vuestro denuedo. El capitán que os ha escogido para ser su segundo es un hombre que sabe dónde le aprieta el zapato, puedo asegurároslo.
—Pero no se trata ahora de eso —dijo Shandon con impaciencia.
—¿De qué se trata, pues? No me tengáis tanto tiempo en ascuas.
—¡Diablos! ¡Si no me dejáis meter baza! Decidme, si os place, doctor, quién os ha inducido a formar parte de la expedición del Forward.
—¿Quién? Una carta, una digna carta que vais a ver; una carta de un bravo capitán, muy lacónica, pero muy suficiente.
Y sin más, el doctor entregó a Shandon una carta concebida en los siguientes términos:
«Inverness, 27 de enero de 1860.