Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras y sus compañeros se envolvían cuidadosamente en sus vestidos de piel, cortados a la moda groenlandesa. El corte no era de los más elegantes, pero se apropiaba a las necesidades del clima. La cara de los viajeros se hallaba limitada por otra estrecha cogulla impenetrable al viento y a la nieve. La boca, la nariz y los ojos eran los únicos que sufrían el contacto del aire, del cual era conveniente no preservarse. Nada hay tan incómodo como las corbatas altas y los tapabocas, que el hielo atiesa al momento. Por la noche no se hubiera podido quitar sino a hachazos, lo que, aunque sea en los mares árticos, es una manera poco decente de desnudarse. Convenía, al contrario, dejar paso libre a la respiración, la cual, delante de un obstáculo, se hubiera inmediatamente congelado.