Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —SÃ, comandante; va a donde hay que aprender, que descubrir, donde uno puede instruirse, donde uno puede comparar, va adonde se encuentran otras costumbres, otras comarcas, otros pueblos, para estudiarlos en el ejercicio de sus funciones; va, en una palabra, adonde yo no he ido nunca.
—¡Precise usted más…! —exclamó Shandon.
—¿Precisar más? —Replicó el doctor—. Yo he oÃdo decir que hacÃa rumbo hacia los mares boreales; pues bien, va al septentrión.
—Al menos —preguntó Shandon—, ¿conoceréis a su capitán?
—En absoluto. No lo conozco; pero, podéis creerme, es un valiente.
Habiendo el comandante y el doctor desembarcado en Birkenhead, el primero puso al segundo al corriente de la situación, y este misterio exaltó la imaginación del doctor. La vista del bergantÃn le causó gran entusiasmo. Desde aquel dÃa no se separó de Shandon, y todas las mañanas hizo su visita al casco del Forward.
Además, quedó especialmente encargado de la instalación de la farmacia a bordo.