Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras, sin decir una palabra, recogía las cajas y los sacos dispersos. Se aprovechó el pemmican y las galletas que eran aún susceptibles de comerse. La pérdida de una parte del alcohol era terrible, pues sin él no había más remedio que renunciar al té, al café y a todas las bebidas calientes. Haciendo el inventario de las provisiones salvadas, el doctor comprobó la desaparición de 200 libras de pemmican y 150 libras de galleta. Si el viaje continuaba, necesario era que los viajeros se pusiesen a media ración.
Se discutió el partido que debía tomarse en tan críticas circunstancias. ¿Convendría volver al buque y después empezar de nuevo la expedición? Pero ¿cómo decidirse a perder 150 millas ya andadas? Volver sin el combustible tan necesario, sería de un efecto desastroso sobre la moral de la tripulación. ¿Se encontrarían individuos dispuestos a repetir aquella caminata a través de los hielos?
Evidentemente, lo mejor era seguir adelante, cualesquiera que fuesen las privaciones.
El doctor, Hatteras y Bell propusieron este último partido. Simpson prefería el regreso inmediato. Las fatigas del viaje habían alterado su salud, y se desmejoraba visiblemente. Pero, en fin, viendo que nadie participaba de su opinión, volvió a colocarse al frente del trineo, y la pequeña caravana continuó su marcha hacia el Sur.