Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Entonces se produjo una explosión formidable; la tierra tembló, los icebergs se desplomaron sobre el campo de hielo; una columna de humo fue a enroscarse en las nubes y el Forward, reventado por la fuerza expansiva y su pólvora inflamada, se perdió en un abismo de fuego.

El doctor y Bell llegaron en aquel momento al lado de Hatteras.
Éste, abismado en su desesperación, se irguió de repente.
—¡Amigos míos —dijo con voz enérgica—, los cobardes han huido! ¡Los fuertes triunfarán! Johnson, Bell, vosotros tenéis el valor; doctor, vos tenéis la ciencia; yo… yo tengo la fe. ¡El Polo Norte está allá abajo! ¡Al Polo Norte, pues, al Polo Norte, amigos míos!
Los compañeros de Hatteras se sintieron renacer al oír sus varoniles palabras.
Y, sin embargo, la situación era terrible para aquellos cuatro hombres y aquel moribundo, abandonados, sin recursos, perdidos, solos, a los 80° de latitud, en lo más profundo de las regiones polares.