Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Éstos, dejando el trineo bajo la custodia de Duck, siguieron rápidamente las huellas del capitán.
Una hora después llegaban a la vista del buque. ¡Espectáculo horrible! El bergantÃn ardÃa en medio de los hielos que se derretÃan en torno suyo; las llamas envolvÃan su casco y la brisa del Sur conducÃa al oÃdo de Hatteras chasquidos insólitos.
A unos quinientos pasos del lugar de la catástrofe un hombre levantaba los brazos con desesperación; allà permanecÃa impotente, en presencia del incendio que hacÃa al Forward retorcerse en las llamas.
Aquel hombre estaba solo, y aquel hombre era el viejo Johnson.
Hatteras corrió hacia él.
—¡Mi buque, mi buque! —exclamó con voz alterada.
—¡Vos, capitán! —respondió Johnson—. ¡Vos! ¡Deteneos! ¡No deis un paso más!
—¿Qué ha pasado? —preguntó Hatteras con un terrible acento de amenaza.
—¡Los miserables! —respondió Johnson—. Hace cuarenta y ocho horas que han partido, después de haber incendiado el buque.
—¡Maldición! —gritó Hatteras.