Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras pensaba en el Forward, en su bergantÃn. ¿En qué estado iba a encontrarlo? ¿Qué habrÃa pasado a bordo? ¿HabrÃa Johnson podido resistir a Shandon y los suyos? El frÃo habÃa sido terrible. ¿HabrÃan quemado el desgraciado buque? ¿HabrÃan respetado, al menos, su arboladura y su carena?
Asà pensando, Hatteras marchaba delante de todos, como si hubiese querido ver el Forward el primero.
El 24 de febrero por la mañana, se detuvo de pronto. A trescientos pasos delante de él, aparecÃa una inmensa columna de humo negruzco que se perdÃa en las brumas cenicientas del cielo.
—¡Este humo! —exclamó.
Su corazón palpitó como si quisiera romper las paredes del pecho.
—¡Mirad! ¡Allà abajo, aquel humo! —dijo a sus compañeros, que lo habÃan ya alcanzado—. ¡Mi buque arde!
—Distamos de él más de tres millas —observó Bell.
—No puede ser el Forward.
—Sà —respondió el doctor—, es él; se produce un fenómeno de espejismo que lo hace parecer más cerca de nosotros.
—¡Corramos! —gritó Hatteras, precediendo a sus compañeros.