Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —No lo dudo, Johnson —interrumpió Hatteras—; y añadiré que los agitadores tenÃan el plan preconcebido desde hacÃa mucho tiempo.
—Tal creo —dijo el doctor.
—Y yo lo mismo —repuso Johnson—, pues casi inmediatamente después de vuestra partida, capitán, al dÃa siguiente de haberos marchado, Shandon, enojado contra vos, Shandon, que se volvió malo, y sostenido además por los otros, tomó el mando del buque, a pesar de mi resistencia. Desde entonces, hizo cada cual lo que le dio la gana, y Shandon dejaba hacer, porque querÃa dar a entender a la tripulación que habÃa pasado el tiempo de las fatigas y de las privaciones. AsÃ, pues, cesaron todas las economÃas, se cargó la estufa de leña hasta la prodigalidad, pensando en darle a devorar el bergantÃn entero. Pusiéronse las provisiones a disposición de todos, y lo mismo los licores, y, por consiguiente, ya podéis figuraros el abuso que de ellos harÃan los que tan a pesar suyo se veÃan privados desde mucho tiempo de bebidas espirituosas. Asà fueron siguiendo las cosas desde el 7 hasta el 15 de enero.
—Por lo visto —dijo Hatteras con voz grave—, fue Shandon el verdadero agitador, el jefe de la revuelta…
—SÃ, capitán.
—Pues no hablemos más de él. Proseguid, Johnson.