Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Clifton, el hombre más supersticioso de la tripulación, hizo la singular observación de que aquel perro, cuando se hallaba en la cubierta, se paseaba siempre por el lado del viento, y más adelante, cuando el bergantÃn se hizo a la mar y dio sus bordadas correspondientes, el admirable animal mudaba de sitio a cada virada, y se mantenÃa siempre de espaldas al viento, como lo hubiera hecho el capitán del Forward.
El doctor Clawbonny, cuya melifluidad y caricias hubieran domesticado un tigre, perdió el tiempo y el trabajo, empeñándose en suavizar el carácter del malhumorado perro.
Aquel animal no se daba por entendido llamándole con cualquiera de los nombres inscritos en el calendario cinegético. Asà es que los tripulantes concluyeron por llamarle Capitán, porque parecÃa hallarse al corriente de las costumbres de a bordo. Era un perro que evidentemente habÃa navegado.
Se comprende hasta cierto punto la chusca respuesta que el contramaestre dio al amigo de Clifton, sin que su suposición hallase muchos incrédulos. Más de cuatro que la repetÃan, afectando burlarse de ella, esperaban ver al perro tomar un dÃa forma humana, y mandar las maniobras del buque con voz atronadora.