Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —No es necesario reflexionar mucho tiempo —respondió el carpintero—. Es menester que, sin perder un dÃa ni una hora, volvamos hacia el Sur o hacia el Oeste, y ganemos la costa más próxima, aunque tengamos que emplear dos meses en el viaje.
—No tenemos vÃveres más que para tres semanas —respondió Hatteras sin levantar la cabeza.
—Pues bien —repuso Johnson—, en tres semanas debemos recorrer el trayecto, puesto que no tenemos otro medio de salvación; aunque, para acercamos a la costa, nos veamos obligados a arrastramos de rodillas, debemos partir y llegar en veinticinco dÃas.
—Esa parte del continente boreal no es conocida —respondió Hatteras—. Podemos encontrar obstáculos, montañas, témpanos, que obstruyan completamente el camino.
—No veo en eso —respondió el doctor— una razón suficiente para no intentar el viaje. Sufriremos, y mucho, es evidente; tendremos que limitar nuestra alimentación a lo más estrictamente necesario; a no ser que los azares de la caza…
—No nos queda más que media libra de pólvora —respondió Hatteras.
—Veamos, Hatteras —repuso el doctor—, conozco todo el valor de vuestras objeciones y estoy muy lejos de mecerme en una vana esperanza. Pero creo leer en vuestro pensamiento. ¿Tenéis algún proyecto practicable?