Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —No —respondió el capitán después de algunos instantes de vacilación.
—Vos no dudéis de nuestro valor —añadió el doctor—, somos gente capaz de seguiros hasta el último extremo, ya lo sabéis; pero ¿no es preciso en este momento renunciar a toda esperanza de remontarnos hasta el Polo? La traición ha frustrado vuestros planes; habéis podido luchar contra los obstáculos de la Naturaleza y vencerlos, no contra la perfidia y debilidad de los hombres; habéis hecho cuanto humanamente era posible hacer, y estoy seguro de que habrÃais alcanzado el éxito apetecido; pero en la situación en que nos encontramos, ¿no estáis obligado a aplazar nuestros proyectos, y, para realizarlos otro dÃa, tratar de volver a Inglaterra?
—Y bien, capitán, ¿qué decÃs? —preguntó Johnson a Hatteras, que permaneció largo tiempo sin responder.
El capitán levantó al fin la cabeza, y dijo con una voz que revelaba su embarazosa posición:
—¿Estáis, pues, seguros de llegar hasta el estrecho, fatigados como estáis y casi sin alimentos?
—No —respondió el doctor—; pero estamos seguros de que la costa no vendrá a nosotros, es menester que vayamos a buscarla. Acaso encontremos más al Sur tribus de esquimales con quienes podamos fácilmente entrar en contacto.