Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras DIECISIETE DÍAS DE MARCHA
ESTE nuevo incidente, estas primeras palabras pronunciadas por Altamont, habían variado completamente la situación de los náufragos. Antes se hallaban fuera del alcance de todos los auxilios, sin ninguna esperanza fundada de ganar el mar de Baffin, amenazados de carecer de víveres durante una peregrinación demasiado larga para sus cuerpos fatigados; y después, a menos de 400 millas de su casa de hielo, había un navío que les ofrecía abundantes recursos, y tal vez los medios de continuar su atrevida marcha hacia el Polo. Hatteras, el doctor, Johnson y Bell, empezaron a esperar después de haber estado tan cerca de la desesperación, y su alegría era casi un delirio.
Pero las indicaciones de Altamont eran aún incompletas, y, después de algunos minutos de descanso; entabló de nuevo conversación con él, presentándole sus preguntas bajo una forma que para toda respuesta no requería más que una simple inclinación de cabeza o un movimiento de ojos.
Pronto supo que el Porpoise era una fragata americana de Nueva York, que había naufragado en medio de los hielos, con mucho acopio de víveres y de combustible; y aunque echada sobre un costado, debía de haber resistido, y era posible poder salvar su cargamento.
