Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿No partiréis? —exclamó Clawbonny, agitando su vaso con desesperación.
—No partiré.
—Es lo más prudente —respondió tranquilamente el contramaestre Johnson, mientras el doctor daba vueltas alrededor de la mesa, porque no podÃa estar quieto en ninguna parte—. SÃ, es lo más prudente. Sin embargo, el estar esperando mucho puede traer funestas consecuencias. En primer lugar, la estación es buena, y soplando el norte, debemos aprovechar el deshielo para franquear el estrecho de Davis. Además, la tripulación está cada dÃa más vacilante. Los amigos, los camaradas de nuestros marineros les aconsejan abandonar el Forward, y su influencia puede ser causa de que se nos juegue una mala partida.
—Añádase —repuso James Wall— que si el pánico se apodera de nuestros marinos, desertarán todos, sin quedar uno; si tal sucede, yo no sé, comandante, si podréis reorganizar vuestra tripulación.
—Pero ¿qué voy a hacer? —exclamó Shandon.