Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Vos, doctor, no dudáis de nada! Pero contestad, por favor. ¿Hacia qué punto del Globo os harÃais a la vela?
—Hacia el Norte, es claro; acerca del particular, no puede caber la menor duda.
—¡No puede caber la menor duda! —Replicó Wall—. ¿Y por qué no hacia el polo Sur?
—¡El polo Sur! —Exclamó el doctor—. ¡Jamás! ¿TendrÃa acaso el capitán la idea de exponer un bergantÃn a atravesar todo el Atlántico? Tomaos la molestia de reflexionar acerca del particular, mi querido Wall.
—El doctor —contestó éste— tiene respuesta para todo.

—¡El Norte! —Repuso Shandon—. Sea. Pero decidme, doctor, ¿a qué punto del Norte: al Spitzberg, a Groenlandia, al Labrador, a la bahÃa de Hudson? Aunque los caminos conduzcan todos al mismo punto, es decir, al banco inaccesible, son muy numerosos, y la elección no deja de ofrecer dificultades. Yo no sabrÃa por cuál decidirme. ¿Podéis darme una respuesta categórica, doctor?
—Ninguna —respondió éste, muy afligido por no saber qué contestar—; pero, en fin, para concluir, ¿qué haréis si no recibÃs carta?
—No haré nada; aguardaré.