Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras imitaba con una habilidad suma los movimientos de una foca, de modo que el mismo doctor le hubiera tomado por una foca verdadera, si no hubiera estado en el secreto.
—¡Es una foca hecha y derecha! —DecÃa Johnson en voz baja.
El anfibio, al mismo tiempo que se iba acercando al oso, parecÃa no percibirle, y querÃa dar a entender que buscaba una quebraja para sumergirse en su elemento.
El oso, por su parte, dando vueltas alrededor de los témpanos, se dirigÃa hacia él con la mayor prudencia. Sus ojos relampagueantes despedÃan llamas de codicia, pues habÃa pasado tal vez un mes o dos sin comer, y la casualidad le ofrecÃa una presa segura.
Apenas llegó la foca a diez pasos de su enemigo, éste se levantó de pronto, dio un salto gigantesco, y atónito, espantado, se detuvo a tres pasos de Hatteras, el cual, con una rodilla hincada en tierra y echando atrás su piel de foca, le apuntó al corazón.
Sonó el disparo y cayó el oso.
—¡Adelante! ¡Adelante! —exclamó el doctor.
Y, seguido de Johnson, se precipitó hacia el teatro de combate.
La enorme bestia se habÃa vuelto a levantar, hiriendo el aire con una pata delantera, mientras que con la otra cogÃa un puñado de nieve con que taponaba su herida.