Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras no se habÃa movido de su sitio. Aguardaba, cuchillo en mano; pero habÃa apuntado bien y herido con una mano que no temblaba. Antes que llegasen sus compañeros, su cuchillo estaba hundido hasta el pomo en la garganta del animal, que caÃa para no volver a levantarse.

—¡Victoria! —exclamó Johnson.
—¡Hurra, Hatteras! ¡Hurra! —dijo el doctor.
Hatteras, sin la menor emoción, miraba, cruzándose de brazos, el gigantesco cuerpo.
—Ahora me toca a mà —dijo Johnson—; gran cosa es haber muerto al animal, pero no aguardemos a que el frÃo lo endurezca como una piedra, porque después nada podrÃan contra él nuestros dientes ni nuestros cuchillos.
Johnson empezó entonces a desollar aquella bestia monstruosa, cuyas dimensiones alcanzaban casi las de un buey, pues medÃa 9 pies de longitud y 6 de circunferencia. Dos colmillos enormes, que no bajaban de 3 pulgadas, salÃan de sus encÃas.