Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Yo no pienso nada —respondió el doctor—, pero la situación de un buque en el camino del Polo hace reflexionar.
—Sin embargo, Altamont dice que ha sido arrastrado a pesar suyo.
—Lo dice, sÃ; pero yo he creÃdo sorprender en sus labios una singular sonrisa.
—¡Diablos, señor Clawbonny, serÃa una circunstancia fatal una rivalidad entre dos hombres del temple de los dos capitanes!
—¡Quiera el cielo que me engañe, Johnson, porque esta situación podrÃa acarrear complicaciones graves, tal vez una catástrofe!
—Espero que Altamont no olvidará que le hemos salvado la vida.
—¿No va él a su vez a salvar la nuestra? Confieso que, sin nosotros, él no existirÃa; pero, sin él, sin su buque, sin los recursos que éste contiene, ¿qué serÃa de nosotros?
—En fin, señor Clawbonny, vos estáis aquÃ, y espero que con vuestra intervención todo irá bien.
—Lo espero igualmente, Johnson.