Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras He aquà lo que el doctor fue reconociendo poco a poco en el carácter del americano, y tenia razón en presentir una enemistad futura, ya que no un odio a muerte, entre el capitán del Porpoise y el del Forward.
Y, sin embargo, eran dos, y no podÃa mandar más que uno. Hatteras tenÃa, sin duda alguna, todos los derechos a la obediencia del americano, los derechos de la prioridad y los de la fuerza. Pero si el uno se hallaba a la cabeza de los suyos, el otro se hallaba a bordo de su buque, lo que también era algo.
Por polÃtica o por instinto, Altamont contrajo desde luego con el doctor amistosas relaciones. Le debÃa la vida, pero la simpatÃa le inclinaba hacia aquel digno hombre más aún que el reconocimiento. Tal era el inevitable efecto del carácter del digno Clawbonny, a cuyo alrededor nacÃan los amigos como los trigos al calor del sol. Se ha hablado de personas que se levantaban a las cinco de la mañana para crearse enemigos; el doctor no lo hubiera conseguido, aunque se hubiese levantado a las cuatro.
Resolvió, no obstante, sacar partido de la amistad de Altamont para conocer la verdadera razón de su presencia en los mares polares. Pero el americano, con toda su verbosidad, respondió sin responder, y volvió a su acostumbrado tema del paso del Noroeste.