Aventuras del capitan Hatteras

Aventuras del capitan Hatteras

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La vida quedó entonces regularmente organizada. Durante los días siguientes, desde el 15 al 20 de abril, el tiempo estuvo muy inseguro. La temperatura saltaba súbitamente 20 grados y la atmósfera experimentaba variaciones imprevistas. Tan pronto estaba impregnada de nieve y agitada por los torbellinos, tan pronto se volvía fría y seca hasta el punto de no poder salir al aire libre sin muchas precauciones.

Sin embargo, el sábado calmó el viento, y esta circunstancia hizo posible una excursión, por lo que se resolvió dedicar un día a la caza para renovar las provisiones.

Al amanecer, Altamont, el doctor y Bell, armado cada cual de su escopeta de dos cañones, municiones suficientes, un hacha y un cuchillo de nieve para el caso en que fuese necesario crearse un abrigo, partieron estando el tiempo cubierto.

Durante su ausencia Hatteras fue a reconocer la costa y a hacer algunas observaciones. El doctor había cuidado de hacer funcionar el faro, cuyos rayos lucharon ventajosamente con los del astro del día. En efecto, la luz eléctrica, que equivale a la de 3.000 bujías o 300 mecheros de gas, es la única que puede sostener la comparación con el brillo del sol.


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