Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Duck marchaba delante, y todos se confiaron a su inteligencia. Hicieron bien, pues muy pronto en el horizonte apareció a lo lejos una luz que, saliendo de brumas bajas, no podÃa confundirse con una estrella.
—¡He aquà nuestro faro! —exclamó el doctor.
—¿De veras, señor Clawbonny? —dijo el carpintero.
—Estoy seguro. Adelante.
A medida que los viajeros avanzaban, la luz se hacÃa más intensa, y muy pronto se quedaron envueltos en un torbellino de polvo luminoso. Caminaban dentro de un inmenso resplandor, y detrás de ellos sus sombras gigantescas, perfectamente contorneadas, se prolongaban desmedidamente sobre el blanco tapiz de nieve.
Aceleraron el paso, y media hora después se encaramaban por la escarpa del «Fuerte Providencia».
