Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Ya veis, amigos —añadió el doctor—. No nos costarÃa a nosotros mucho imaginar algunos otros percances polares; pero desde el momento en que es menester sufrirlos, sentirÃa un verdadero placer al consignarlos.
—A fe mÃa —respondió Altamont—, que es un periódico divertido la tal Crónica de invierno, y es sensible que no podamos nosotros suscribirnos a ella.
—¿Por qué no fundamos también un periódico? —dijo Johnson.
—¡Nosotros cinco! —respondió Clawbonny—. Nosotros formarÃamos la redacción, y no quedarÃan lectores en número suficiente.
—Ni espectadores, si se nos metiese en la cabeza representar comedias —añadió Altamont.
—Al grano, señor Clawbonny —dijo Johnson—. Contadnos algo del teatro del capitán Parry. ¿Se representaban en él piezas nuevas?
—¡Vaya si se representaban! En un principio hicieron todo el gasto dos volúmenes embarcados a bordo del Hecla, y habÃa representaciones cada quince dÃas; pero se apuró el repertorio, y entonces autores improvisados tomaron la pluma, y el mismo Parry compuso para las fiestas de Navidad una comedia de circunstancias titulada El Paso del Noroeste o el término del viaje, que alcanzó un éxito enorme.