Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Porque si bien la última carta os indica el derrotero que debéis seguir, nada os dice respecto del destino del Forward, y es menester saber a dónde vamos. Y yo os pregunto: ¿hay medio de que estando en alta mar os llegue una tercera carta? En las tierras de Groenlandia el servicio de Correos debe de dejar algo que desear. ¿No os parece lo mismo? A mà se me figura, Shandon, que el capitán desconocido nos está esperando en algún establecimiento danés, en Hosteinborg o Uppernawik, donde habrá ido a comprar trineos y perros, y, en una palabra, a reunir todos los arreos y pertrechos que requiere un viaje por los mares árticos. No me sorprenderá, pues, el verle una mañana salir de su camarote y mandar la maniobra de la manera menos sobrenatural del mundo.
—Es posible —respondió Shandon con sequedad—; pero entretanto el viento refresca, y no es prudente aventurar los juanetes en un tiempo semejante.
Shandon se separó del doctor y dio orden de cargar los juanetes.
—Sigue en sus trece —dijo el doctor al contramaestre.
—Sà —respondió éste—, y lo siento, porque es muy posible que vos tengáis razón, señor Clawbonny.