Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Es de esperar que seamos más afortunados, señor doctor —repuso Johnson—; y si con un buque como el Forward no se va donde se quiere, se puede renunciar a la empresa.
—Además —añadió el doctor—, si el capitán viene a bordo, sabrá mejor que nosotros lo que conviene hacer, tanto más cuanto que nosotros lo ignoramos completamente, no permitiéndonos su tan lacónica carta adivinar el objeto del viaje.

—Algo es, sin embargo —respondió Shandon, con bastante energÃa—, conocer el camino que hay que seguir, y ya ahora, por espacio de un mes, podemos, en mi concepto, prescindir de la intervención sobrenatural y de las instrucciones del desconocido. Por otra parte, vos sabéis lo que yo opino acerca de él.
—¡Quién sabe! —Dijo el doctor—. Yo creÃa, como vos, que el tal capitán os dejarÃa el mando del buque y no vendrÃa nunca a bordo; pero…
—¿Pero qué? —replicó Shandon, visiblemente contrariado.
—Desde la llegada de su segunda carta he modificado sobre el particular mis ideas.
—¿Y por qué, doctor?