Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El huracán cesó a cosa de las nueve de la noche. El Forward, buen velero, mantuvo su derrota al Noroeste. Durante aquella jornada puso a prueba sus cualidades marineras. No en vano los conocedores de Liverpool decÃan de él que era, antes que todo, un buque de vela.
En los dÃas que siguieron, el Forward ganó rápidamente hacia el Noroeste. El viento saltó al Sur, y el mar se picó mucho. Entonces el bergantÃn navegaba a todo trapo. Algunos petreles y pufinos se cernÃan encima de la proa, y el doctor mató con mucha destreza uno de estos últimos, que por fortuna cayó dentro del buque.

Simpson, el arponero, lo cogió y lo entregó a su propietario.
—Mal pajarraco, señor Clawbonny —dijo.
—Con el que haremos una excelente, cena, amigo mÃo.
—¡Cómo! ¿Vais a comer eso?
—Y vos también lo probaréis, camarada —dijo el doctor, riendo.
—No haré tal —replicó Simpson—; es un pajarraco aceitoso y rancio como todos los del mar.
—¡Bueno! —Replicó el doctor—. Yo tengo una manera particular de prepararlo; si después de aderezado por mà reconocéis en él un pájaro marÃtimo, juro no volver a matar otro en todos los dÃas de mi vida.