Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Sois, pues, cocinero, señor Clawbonny? —preguntó Johnson.
—Un sabio debe saber un poco de todo.
—Ponte en guardia, Simpson —respondió el contramaestre—; el doctor es muy listo, y va a hacemos tomar este avechucho por un groose[9] del más exquisito gusto.
El hecho es que el doctor sabÃa lo que se decÃa. Quitó hábilmente del pajarraco la grasa, que se halla toda entera situada debajo de la piel, principalmente en los lomos, y con ella desaparecieron el sabor rancio y el olor a pescado de que realmente hay motivos para quejarse tratándose de aves. El pufino, asà preparado, fue declarado excelente hasta por el mismo Simpson.
Durante el último huracán, Ricardo Shandon se habÃa dado cuenta de las cualidades de su tripulación. HabÃa analizado a sus hombres uno tras otro, como debe hacerlo todo comandante que quiera estar preparado contra futuras contingencias. SabÃa lo que cada uno podÃa dar de sà y con quiénes debÃa contar.

James Wall, oficial enteramente adicto a Ricardo, comprendÃa y ejecutaba bien, pero parecÃa carecer de iniciativa; en el tercer puesto estaba perfectamente colocado.