Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Johnson, avezado a luchar con el mar, y antiguo piloto del océano Ártico, no tenía nada que envidiar a nadie respecto a sangre fría y audacia.
Simpson, el arponero, y Bell, el carpintero, eran hombres seguros, esclavos del deber y de la disciplina. El icemaster Foker, marino de experiencia, educado en la escuela de Johnson, debía prestar importantes servicios.

De entre los marineros, Garry y Bolton parecían los mejores. Bolton era una especie de payaso, alegre y decidor; Garry era un hombre de unos treinta y cinco años, de fisonomía enérgica, pero algo pálido y triste.
Los tres marineros, Clifton, Gripper y Pen, parecían menos ardientes y menos resueltos; murmuraban por cualquier cosa. Gripper hasta quiso romper su compromiso a la salida del Forward, y se quedó a bordo por un sentimiento de vergüenza. Si las cosas marchaban bien, si no había demasiados peligros que correr, ni demasiadas maniobras que ejecutar, se podría contar con esos tres hombres; pero necesitaban una alimentación sustancial, porque se podía decir de ellos que tenían el corazón en el vientre. Aunque prevenidos de antemano, se acomodaban con mucha repugnancia a ser teetotalers, y a la hora de comer echaban de menos el brandy o el gin; pero se desquitaban en lo posible con el café y el té, distribuidos a bordo con cierta prodigalidad.