Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras EL PASO DEL NOROESTE
AL día siguiente, Bell, Altamont y el doctor se trasladaron al Porpoise. La madera no escaseaba. La antigua lancha de la fragata, abierta por el choque de los témpanos, podía aún suministrar las partes principales de la nueva. El carpintero se puso a trabajar inmediatamente. Se necesitaba una embarcación capaz de resistir el oleaje, y bastante ligera al mismo tiempo para poder transportarla en el trineo.

La temperatura se elevó durante los últimos días de mayo; el termómetro subió al grado de congelación; la primavera volvió de buena fe, y los invernadores tuvieron que aligerarse de ropa y dejar sus abrigos. Las lluvias eran frecuentes, y la nieve empezó luego a aprovecharse de los menores declives del terreno para convertirse en saltos y cascadas.

Hatteras no pudo contener su satisfacción al ver los campos helados dar las primeras señales de deshielo. Para él la libertad era el mar libre.
Pronto iba a saber si sus predecesores se engañaron o no acerca de la gran cuestión del golfo polar, de lo que dependía todo el éxito de la empresa.
