Aventuras del capitan Hatteras

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Hubo dos días de mar sumamente gruesa. El viento saltó al Noroeste y retardó la marcha del Forward. Desde el 14 al 16 de abril, el oleaje siguió siendo muy fuerte; pero el lunes sobrevino un violento chubasco que calmó el mar casi inmediatamente. Shandon hizo notar esta particularidad al doctor.

—Es un hecho —respondió éste— que confirma las curiosas observaciones del ballenero Scoresby, el cual formó parte de la Sociedad Real de Edimburgo, de que yo tengo el honor de ser miembro corresponsal. Ya habréis visto que durante la lluvia, aunque reine un viento fuerte, las olas no son muy grandes, y que, al contrario, en tiempo seco, el mar se agita mucho más, azotado por una brisa menos fuerte.

—¿Cómo se explica este fenómeno, doctor?

—Muy sencillamente; no se explica.

En aquel momento el icemaster, que hacía su guardia de vigía en las vergas de juanete, anunció la aparición de una mole flotante por el lado de estribor, a unas quince millas a sotavento.

—¡Una montaña de hielo en semejantes parajes! —exclamó el doctor.

Shandon asestó su anteojo en la dirección indicada y confirmó el anuncio del piloto.

—¡Es curioso! —dijo el doctor.


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