Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿De tan poco os asombráis? —preguntó el comandante, riendo—. ¡Cómo! ¿Seremos tan felices que encontremos algo capaz de asombramos?
—Me asombro y no me asombro —respondió el doctor, sonriendo—; pues no ignoro que en 1813 el bergantÃn Ann de Poole, de Greenspond, fue asaltado por verdaderos ejércitos de hielo a los 40° de latitud Norte, y que Dayemen, su capitán, los contó a centenares.
—¡Muy bien! —dijo Shandon—. ¿También acerca del particular tenéis algo que enseñamos?
—Poca cosa —respondió modestamente el amable Clawbonny—; pues no creo que os enseñe nada al deciros que se han encontrado hielos en latitudes aún más bajas.
—Eso no me lo enseñáis, mi querido doctor, pues siendo yo grumete a bordo de la corbeta de guerra Fly…
—En 1818 —continuó el doctor—, a últimos de marzo, que es como si dijéramos abril, vos pasasteis entre dos grandes islas de hielos flotantes, a 42° de latitud.
—¡Eso ya es demasiado! —exclamó Shandon.
—Pero es verdad. No puede ser, pues, para mà motivo de asombro, hallándonos, como nos hallamos 2° más al Norte, encontrar a un lado del Forward una montaña flotante.