Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Sois un pozo de ciencia, doctor —respondió el comandante—, y con vos no hay más que hacer que echar el cubo para sacarlo siempre lleno.
—¡Bueno!, me agotaré más pronto de lo que os figuráis; y ahora, si yo pudiese, Shandon, observar de cerca el curioso fenómeno que se nos presenta, serÃa el más feliz de los doctores.
—Precisamente, Johnson —dijo Shandon llamando al contramaestre—, me parece que la brisa quiere refrescar.
—SÃ, comandante —respondió Johnson—; avanzamos poco, y las corrientes del estrecho de Davis van muy pronto a hacerse sentir.
—Tenéis razón, Johnson, y si queremos hallamos el 20 de abril a la vista del cabo Farewell, es menester navegar al vapor o exponemos a ser arrojados a las costas del Labrador. Mr. Wall, dad orden de calentar la caldera.
Las órdenes del comandante fueron ejecutadas. Una hora después el vapor habÃa adquirido la presión suficiente; cargáronse las velas, y la hélice, retorciendo las olas con sus paletas, lanzó con Ãmpetu al Forward contra el viento del Noroeste.
