Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En fin, se preparaba para los invernadores una alteración de la mayor importancia en el estado del mar polar. Los hielos en medio de la bahÃa empezaban a quebrantarse, y los más altos, incesantemente minados por los choques, no necesitaban más que una tempestad algo fuerte para desprenderse de la playa y convertirse en icebergs movedizos. Hatteras no quiso, sin embargo, para empezar su excursión aguardar a que se consumara la dislocación del campo de hielo. Puesto que el viaje tenÃa que hacerse por tierra, poco les importaba que el mar estuviese o no libre. Fijó su marcha para el 25 de junio, en cuya fecha podÃan estar enteramente terminados todos los preparativos. Johnson y Bell se ocuparon en reparar perfectamente el trineo; se reforzaron sus asientos y se renovaron sus patines. Los viajeros contaban con poder aprovechar para su excursión algunas semanas de buen tiempo que la Naturaleza concede a las regiones hiperbóreas. No eran, pues, tan crueles los padecimientos que habÃa de arrostrar, ni tan difÃciles de vencer los obstáculos.