Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Amigos mÃos —les decÃa—, yo no os pido que imitéis a los corredores ingleses, cuyo peso disminuye dieciocho libras en dos dÃas de carrera y veinticinco en cinco dÃas; pero es menester hacer algo para colocarse en las mejores condiciones posibles que requiere un largo viaje. Lo primero, en el corredor como en el jockey, es suprimir la grasa, lo que se consigue por medio de purgantes, transpiraciones y ejercicios violentos. Esos gentlemen saben que este procedimiento cuesta menos que las medicinas a que sin él tendrÃan que recurrir, y obtienen resultados verdaderamente prodigiosos. De algunos se cuenta que antes de adoptar este método no podÃan correr el espacio de una milla sin sofocarse, y que después de adaptarlo han podido fácilmente correr el espacio de 25. Se cita a un tal Townsend, que, sin detenerse, recorrÃa 100 millas en doce horas.
—¡MagnÃfico resultado! —respondió Johnson—. Y aunque nosotros no estamos muy gordos, si hay que enflaquecer aún más…
—Es inútil, Johnson, pero podemos decir sin exagerar que el procedimiento produce buenos efectos; da más resistencia a los huesos, más elasticidad a los músculos, más perspicacia al oÃdo, más claridad a la vista, y, por tanto, no lo olvidemos.