Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En fin, olvidando o no el procedimiento, los viajeros estuvieron en disposición de partir el 23 de junio, y como era domingo, se pasó todo el día en un absoluto reposo.
El instante de la partida se acercaba, y los habitantes del «Fuerte Providencia» no lo veían llegar sin cierta emoción. No sin cierto dolor en el corazón dejaban aquella choza de nieve que tan bien había desempeñado su oficio de casa; y aquella bahía Victoria, aquella playa hospitalaria en que habían pasado los últimos meses de invernada. ¿Hallarían a su regreso aquellas construcciones? ¿Los rayos del sol acabarían de licuar sus frágiles paredes?
Allí se habían pasado muy buenos ratos, que el doctor, durante la cena, recordó a sus compañeros y no se olvidó de dar gracias al cielo por su visible protección.
Llegó al fin la hora del sueño. Todos se acostaron para levantarse muy de mañana. Tal fue la última noche pasada en «Fuerte Providencia».
