Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Se concibe la sorpresa que experimentaron todos. Eran comprensibles sus exclamaciones, y hasta el primer efecto algo aterrador de aquella larga cortina carmesí. El doctor se apresuró, ya que no a tranquilizar, al menos a instruir a sus compañeros; conocía aquella particularidad de las nieves rojas, y los trabajos de análisis químicos hechos sobre el particular por Wollaston, Candolle y Baüer. Dijo, pues, que aquella nieve se encuentra, no sólo en las comarcas árticas, sino también en Suiza, en medio de los Alpes. De Saussure recogió una gran cantidad de ella en el Breven, en 1760, y después los capitanes Ross, Sabine y otros navegantes, la recogieron en abundancia en sus expediciones boreales.

Altamont interrogó al doctor sobre la naturaleza de aquella sustancia extraordinaria, y el doctor le dijo que aquel color procedía únicamente de la presencia de corpúsculos orgánicos. Durante mucho tiempo los químicos se preguntaron si aquellos corpúsculos eran de naturaleza animal o vegetal; pero reconocieron al fin que pertenecían a la familia de los hongos microscópicos del género Uredo, llamado por Baüer Uredo nivalis.