Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Entonces el doctor, hundiendo en la nieve su bastón con punta de hierro, hizo ver a sus compañeros que la capa de color escarlata medía 9 pies de profundidad, y les dio a entender el número que en un espacio de muchas millas podía haber de aquellos hongos, de los cuales los sabios contaron 43.000 en un centímetro cuadrado.
Aquel color, según la disposición de la vertiente, debía remontarse a un tiempo muy remoto, porque aquellos hongos no se descomponen por la evaporación ni por la licuación de las nieves, y su color no se altera.
El fenómeno, aun después de explicado, no pareció menos extraño a los compañeros del doctor. El color rojo no se halla muy esparcido en extensas zonas de la Naturaleza. La reverberación de los rayos del sol en aquel tapiz de púrpura producía efectos extraños, dando a los objetos circundantes, a las rocas, a los hombres y a los animales, un matiz de fuego, como si estuviesen alumbrados por una antorcha interior, y cuando aquella nieve se licuaba, parecía que arroyos de sangre corrían debajo de los pies de los viajeros.
El doctor, que no había podido examinar aquella sustancia, cuando la vio, en los picos carmesíes del mar de Baffin, teniéndola entonces a discreción, cogió no poca y la embotelló cuidadosamente.