Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Tienen, pues, razón —dijo el doctor— los que buscan el paso del Noroeste. Esta corriente marcha con una velocidad de unas cinco millas por hora, y es difÃcil suponer que tome su nacimiento en el fondo de un golfo.
—DiscurrÃs perfectamente, doctor —repuso Shandon—, y más teniendo en cuenta que si esta corriente va del Norte al Sur, se encuentra en el estrecho de Behring una corriente contraria que va del Sur al Norte, y debe ser el origen de la otra.
—Después de lo dicho, señores —añadió el doctor—, fuerza es admitir que América se halla completamente desprendida de las tierras polares, y que las aguas del PacÃfico, lamiendo sus costas, van hasta el Atlántico. Además, la mayor elevación de las aguas del primero acaba de explicar su desagüe hacia los mares de Europa.
—Pero —repuso Shandon— hechos debe haber en apoyo de esta teorÃa, y, si los hay —añadió con cierto sarcasmo—, nuestro sabio universal debe conocerlos.
—A fe mÃa —replicó el aludido con amable satisfacción—, si eso puede interesaros, os diré que ballenas heridas en el estrecho de Davis han sido cogidas algún tiempo después en las inmediaciones de Tartaria, llevando aún clavado en su costado el arpón europeo.