Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —SÃ, Johnson. Siendo la Tierra fluida en los primeros dÃas del mundo, ya comprenderéis que entonces su movimiento de rotación debió arrojar una parte de su masa movible al ecuador, donde la fuerza centrÃfuga se hacÃan sentir más vivamente. Si la Tierra hubiese estado inmóvil, hubiera quedado una esfera perfecta; pero a consecuencia del fenómeno que acabo de describir, presenta una forma elÃptica, y los puntos del Polo están cosa de cinco leguas y un tercio de legua más cerca del centro de los puntos del ecuador.
—Asà pues —dijo Johnson—, si nuestro capitán quisiera conducirnos al centro de la Tierra, ¿tendrÃamos que andar para llegar a él cinco leguas menos?
—Tal como suena, amigo mÃo.
—Pues bien, capitán, tenemos ya andada una parte del camino. He aquà una ocasión que no debemos desperdiciar…
Hatteras no respondió. Evidentemente, no estaba en la conversación, o bien escuchaba sin oÃr.
—¡A fe mÃa! —respondió el doctor—, al decir de ciertos sabios, éste serÃa tal vez el caso de intentar la expedición.
—¡Ah! ¿De veras? —dijo Johnson.