Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Pues estarÃamos apañados, si sobreviniese en la actualidad! —dijo Bell—. ¡Capaz serÃa la gente de decir que no hemos estado en el Polo!
—Tranquilizaos, Bell. Volviendo a la inmovilidad del eje terrestre, resulta lo siguiente, y es que, si estuviésemos durante el invierno en este lugar, verÃamos las estrellas describiendo a nuestro alrededor un cÃrculo perfecto. En cuanto al sol, el dÃa del equinoccio de la primavera, el veintitrés de marzo, nos parecerÃa (no tengo en cuenta la refracción), nos parecerÃa exactamente cortado en dos por el horizonte, y subirÃa poco a poco formando curvas muy prolongadas; pero aquà lo que hay de notable es que desde que aparece no se pone, y permanece visible durante seis meses; después su disco roza de nuevo el horizonte en el equinoccio de otoño, el veintidós de setiembre, y desde que se pone ya no se le vuelve a ver en todo el invierno.
—Habéis hablado del aplastamiento de la Tierra en los polos —dijo Johnson—; ¿queréis explicármelo, señor Clawbonny?