Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Como con toda seriedad os lo digo. Pero si asà hubiese sido, como la Tierra tiene en el Polo un aplastamiento de más de cinco leguas, los mares, transportados al nuevo ecuador por la fuerza centrÃfuga, habrÃan cubierto montañas dos veces más altas que el Himalaya, y todos los paÃses próximos al cÃrculo polar, Suecia, Noruega, Rusia, Siberia, Groenlandia, y Nueva Bretaña, habrÃan sido sepultadas debajo de cinco leguas de agua, al paso que las regiones ecuatoriales, rechazadas al Polo, habrÃan formado montañas de cinco leguas de altura.
—¡Qué trastorno! —exclamó Johnson.
—El trastorno no asustaba a los sabios.
—¿Y cómo le explicaban? —preguntó Altamont.
—Por el choque de un cometa. El cometa es el Deus ex machina; cuantas veces hay en cosmografÃa alguna dificultad, se recurre a su cometa para allanarla. Es el astro más complaciente que conozco, y a la menor señal de un sabio, se desarregla él para arreglarlo todo.
—Entonces, señor Clawbonny —dijo Johnson—, es, según vos, imposible semejante trastorno.
—Imposible.
—¿Y si sobreviniese?
—Si sobreviniese, el ecuador se helarÃa en veinticuatro horas.