Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Joe, deslizándose rápidamente, sujetó el ancla con precaución; el doctor dejó el soplete funcionando para conservar en el aeróstato cierta fuerza ascensional que lo mantuvo en el aire. El viento había calmado casi súbitamente.
-Ahora, amigo Dick -dijo Fergusson-, coge dos escopetas, una para ti y otra para Joe, y procurad entre los dos traer unos buenos filetes de antílope para la comida de hoy.
-¡De caza! -exclamó Kennedy.
Echó la escala y bajó. Joe fue brincando de una a otra rama y aguardó, desperezándose, a Kennedy. El doctor, aliviado del peso de sus dos compañeros, pudo apagar el soplete.
-No eche a volar, señor -exclamó Joe.
-Tranquilo, muchacho, estoy sólidamente anclado. Voy a poner en orden mis apuntes. Cazad bien y sed prudentes. Yo, desde aquí, observaré el terreno y a la menor sospecha que conciba dispararé la carabina. El tiro será la señal de reunión.
-De acuerdo -respondió el cazador.