Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Dick Kennedy era escocés en toda la aceptación de la palabra; franco, resuelto y obstinado. Vivía en la aldea de Leith, cerca de Edimburgo, un verdadero arrabal de la "Vieja Ahumada". A veces practicaba la pesca, pero en todas partes y siempre era un cazador determinado, lo que nada tiene de particular en un hijo de Caledonia algo aficionado a recorrer las montañas de Highlands. Se le citaba como un maravilloso tirador de escopeta, pues no sólo partía las balas contra la hoja de un cuchillo, sino que las partía en dos mitades tan iguales que, pesándolas luego, no se hallaba entre una y otra diferencia apreciable.
La fisonomía de Kennedy recordaba mucho la de Halbert Glendinning tal como lo pintó Walter Scott en El Monasterio. Su estatura pasaba de seis pies ingleses aunque agraciado y esbelto, parecía estar dotado de una fuerza hercúlea. Un rostro muy tostado por el sol, unos ojos vivos y negros, un atrevimiento natural muy decidido, algo, en fin, de bondad y solidez en toda su persona, predisponía en favor del escocés.