Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo El doctor contaba con subir rápidamente, pero, contra todas sus previsiones, el globo, después de haberse elevado unos cuatro pies, permaneció inmóvil.
-¿Quién nos sujeta? -exclamó con acento de terror.
Algunos salvajes acudÃan lanzando feroces aullidos.
-¡Oh! -exclamó Joe, asomándose-. ¡Uno de esos malditos negros se ha colgado a la barquilla!
-¡Dick! ¡Dick! -exclamó el doctor-. ¡La caja del agua!
Dick comprendió la intención de su amigo y, levantando una de las cajas de agua, que pesaba más de cien libras, la arrojó por la borda.
El Victoria, descargado de aquel lastre, subió bruscamente trescientos pies en medio de los rugidos de la tribu, cuyo prisionero se evadÃa envuelto en una luz resplandeciente.
-¡Hurra! -gritaron los dos compañeros del doctor.
El globo dio de repente un nuevo salto, que le hizo alcanzar una altura de más de mil pies.
-¿Qué sucede? -preguntó Kennedy, a punto de perder el equilibrio.
-¡Nada! Es ese pÃcaro, que se ha desasido de la barquilla -respondió tranquilamente Samuel Fergusson.