Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Qué extraña sucesión de penas y placeres! -exclamó Kennedy-. ¡Tanta abundancia después de tanta privación! ¡Tanto lujo después de tanta miseria! ¡Cuán cerca estuve de volverme loco!
-Amigo Dick -le dijo el doctor-, de no ser por Joe, no estarÃas ahora en actitud de disertar sobre la inestabilidad de las cosas humanas.
-¡Buen amigo! -exclamó Dick, tendiéndole la mano a Joe.
-No tiene que agradecerme nada -respondió éste-. Llegado el caso, señor Dick, usted harÃa conmigo otro tanto, aunque prefiero que no se le presente la ocasión.
-¡Cuán pobre es nuestra naturaleza! -repuso Fergusson-. ¡Dejarse abatir por tan poca cosa!
-¡Por un poco de agua, señor! ¡Preciso es que sea el agua un elemento muy necesario para la vida!
-Sin duda, Joe. Los que se ven privados de comer resisten mucho más tiempo que los que se ven privados de beber.
-Yo lo creo. Además, en caso necesario se come lo que se encuentra, aunque sea a un semejante, si bien debe de ser un alimento que deja una profunda huella en el ánimo.
-Es una comida, sin embargo -dijo Kennedy-, a la que los salvajes no hacen ningún asco.