Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo En tanto que el doctor anotaba el resultado de su observación, a su lado sonó un disparo. Kennedy no había podido resistir el deseo de enviarle una bala a un gigantesco hipopótamo. Éste, que respiraba tranquilamente, desapareció al oírse el estampido, sin que la bala cónica hiciese en él ninguna mella.
-Mejor hubiera sido clavarle un arpón -dijo Joe.
-¿Y dónde está el arpón?
-¿Qué mejor arpón que cualquiera de nuestras anclas? Para un animal semejante, un ancla es el anzuelo apropiado.
-¡Caramba! Joe ha tenido una idea… -dijo Kennedy.
-A la cual os suplico que renunciéis -replicó el doctor-. El animal nos arrastraría muy pronto a donde nada tenemos que hacer.
-Sobre todo, ahora que conocemos la calidad del agua del Chad. ¿Y es comestible ese pez, señor Fergusson?
-Tu pez, Joe, es un mamífero del género de los paquidermos, y su carne, según dicen excelente, es objeto de un activo comercio entre las tribus ribereñas del lago.
-Siento, pues, que el disparo del señor Dick no haya tenido mejor éxito.